UN EQUIPO EN PAÑALES 1-2.
El cuadro de Paco Jémez sufre la primera
derrota en Los Cármenes pese a jugar una hora con un jugador más. Un
tanto en la última acción del partido deja a los rojiblancos sin sumar.
Artículos relacionadosDicen los que saben de esto que para ser futbolista no solo hay
que tener calidad tanto física como técnica. Se necesita algo más.
Carácter, personalidad y, sobre todo, saber competir. Una cualidad con
la que se nace -que se lo digan a los argentinos- o se va adquiriendo
con el paso de los años. Pero cuando se tiene la plantilla más joven de
la categoría, lo normal es que ese espíritu competitivo se eche en falta
en determinados momentos y más ante rivales como el que ayer pasó por
Los Cármenes. Porque si algo tiene el Eibar es saber competir,
paciencia, experiencia y sacar el máximo provecho a los recursos que
posee. Con eso le bastó para sacar los tres puntos en juego ante un
equipo aún en pañales, con mucho trabajo por delante aunque se atisban
recursos, al menos ofensivos. Pero no todo en el fútbol es atacar. Hay
que saber imponer el ritmo que más conviene, acelerar, leer el partido y
darle a cada momento del duelo lo que necesita y eso fue lo que se echó
en falta en la tarde de ayer.
Hay muchos aspectos a analizar y seguro que Paco Jémez no durmió anoche. Entre ellos, el hecho de, teniendo a Samper lesionado en el último cuarto de hora, mantenerlo como pivote defensivo cuando apenas podía moverse y no se podía hacer más cambios. El jugador cedido por el Barcelona dio todo lo que pudo pero su posición era clave para cortar las posibles contras. Pero lo mantuvo ahí en vez de enviarlo arriba y desgraciadamente, en una acción que no pudo cortar por estar mermado, llegó el 1-2.
Se esperaba un partido dominado por los rojiblancos. Jugaban en casa, estaban necesitados y el Eibar no es precisamente un equipo al que le guste tener el balón. Y así fue el guión de inicio. Asumiendo en ocasiones riesgos innecesarios en la salida del balón, la iniciativa fue de los granadinistas. Pero solo eso. Porque profundidad no se tuvo hasta el segundo acto. Mendilíbar sabía que presionar arriba le podía dar muchos réditos en zonas cercanas al área. La idea del Granada a la hora de jugar es clara pero las cabezonerías y los extremos no son buenos y en ocasiones se pasan por situaciones que se podrían evitar y no pasa absolutamente nada.
Con cinco cambios en el once con respecto al equipo que salió de inicio en Las Palmas, al fin Jémez pudo contar con extremos. En especial Atzili, que fue el más activo en el arranque. Pese a la mayor posesión, las llegadas, sin generar gran peligro, eran vascas y casi todas partían de las botas de Fran Rico. El gallego puso un centro en la cabeza de Kike García a los 7 minutos y lo intentó de volea desde la frontal a los 25'. Hasta ese momento, el Granada CF no se había acercado a las inmediaciones de Asier Riesgo. Pero todo cambió en el minuto 31 cuando un error de Gálvez en un despeje lo aprovechó Ezequiel Ponce para encarar al guardameta armero, que no tuvo otra opción que derribar al argentino. El balón se marchaba a un flanco, lejos de la portería, pero el colegiado tinerfeño Trujillo Suárez decidió expulsar a Riesgo.
Una hora por delante tenía el cuadro de Jémez para ganar su primer partido de la temporada pero ahí fue cuando comenzaron a verse las carencias competitivas de este equipo a día de hoy. Mendilíbar retiró a Jota Peleteiro dejando a Kike García solo arriba y situando dos ordenadas líneas de cuatro que fueron muy complicadas de superar. Y más aún sin movilidad en jugadores teóricamente claves como Boga o Samper. Las ocasiones locales seguían brillando por su ausencia y eso que la salida desde atrás era mucho más plácida. El duelo comenzaba a jugarse en campo del Eibar y en una contra armera, Pedro León chutó desde línea de tres cuartos pero Ochoa no calculó bien la distancia y se tragó el bote del esférico dos metros antes de llegar a sus dominios. El cuero se alojo en el fondo de las mallas ante la sorpresa de la grada. Era el minuto 42 y Los Cármenes se quedó mudo.
Como era previsible, Jémez movió el banquillo en el descanso y ordenó dos cambios. Uche y Tabanou se quedaron en el vestuario y se lanzó a tumba abierta haciendo debutar al ucraniano Kravets y a Alberto Bueno. Con tanto jugador ofensivo en el campo, tuvo que ordenar una línea defensiva de tres y dos referencias como Ponce y Kravets con Bueno en la media punta. Aunque fue principalmente por acumulación, las ocasiones se fueron sucediendo principalmente a balón parado. Aún así, el Eibar no estaba del todo incómodo. En ningún momento se supo tener la paciencia de mover al rival de un lado a otro, para generar espacios por dentro que fueran aprovechados por Bueno. Precisamente, el madrileño tuvo una gran ocasión en el 57' tras un centro de Ponce. El jugador cedido por el Oporto le pegó mordida en el área chica con Yoel batido pero el guardameta despejó como pudo. Y pudo ser peor para los rojiblancos si Ochoa, que se resarció de su error en el gol, no salva dos ocasiones consecutivas en el minuto 64 y 66. La réplica la puso Ponce a centro de Pereira pero con todo a su favor la envió por encima del larguero con el interior de su bota derecha.
En los últimos 20 minutos Pereira se echó el equipo a la espalda y de sus botas llegaron las mejores ocasiones. Hasta que por fin el Granada CF empató el choque tras un saque de esquina que remató Ponce a la escuadra y que, tras tocar en Yoel, el cuero le llegó a Kravets que a puerta vacía no falló.
La grada se vino arriba pero las ideas escaseaban. El recurso era buscar por alto a Kravets sobre todo con Pereira desde la izquierda pero Yoel no tuvo que emplearse más a fondo.
Y cuando todo parecía que el duelo concluiría con empate, fue cuando se pudo comprobar la diferencia a nivel competitivo de uno y otro equipo. Tras un ataque mal elaborado, el balón salió despejado a la banda derecha donde Escalante, que podía haber dejado salir el balón, luchó por él, cedió a Luna, que se llevó el cuero en la pugna con un lesionado Samper, y filtró un pase para que Sergi Enrich encarase a Ochoa y lo batiera de tiro cruzado. Fue la última acción de un partido con un efectivo más durante una hora que no sirvió para nada. Tres puntos que vuelan de Los Cármenes en un duelo del que hay que aprender y mucho. La pena es que se está en plena competición y esos puntos ya no volverán.
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